La tierra y el agua se unen para crear un remedio único que sorprende
por sus importantes aplicaciones en el campo de la salud.
Si hay
un producto proveniente de la madre tierra que tiene que ocupar un lugar
privilegiado en la farmaciola casera es la arcilla. Su empleo terapéutico se
remonta a épocas lejanas donde ya se utilizaba para curar heridas, afecciones
de la piel e inflamaciones. No fue hasta el siglo XIX, cuando se desprestigió
su uso en favor del empleo de los químicos, que se dejó de utilizar, al menos
de manera oficiosa, aunque ya desde la Edad Media la Iglesia había
menospreciado sus propiedades. Las corrientes médicas naturistas de principios
del siglo XX devolvieron a la arcilla su estatus y en los últimos años, con el
auge de la medicina naturista, ha recuperado definitivamente su prestigio.
Nuria Langreo en su libro Salud y belleza
con arcillas, fangos y algas da una pista del porqué de su eficacia.
“Contienen en su bioquímica minerales y oligoelementos indispensables a todo
ser vivo…”. La experta sugiere en su obra que, quien quiera comprobarlo,
compare una analítica humana con un análisis de los compuestos de la arcilla.
Puede sorprenderse. El naturópata francés Raymond Dextreit va más allá al
considerar la arcilla “una sustancia viva que actúa con discernimiento”
ayudando al organismo “a fijar y asimilar los elementos de los que carece”.
La magia curativa de la Tierra
Verde,
blanca o roja, la arcilla es muy rica en elementos que limpian y enriquecen la
sangre, lo que hace, por ejemplo, que se cure la anemia. Alivia el dolor en
traumatismos e infecciones refrescando la zona afectada y desinflamándola.
Limpia el organismo de toxinas, lo remineraliza y contribuye a la
reconstitución celular. Es un regenerador de piel, huesos y órganos internos
(venas, arterias, músculos...). También tiene una buena influencia sobre las
glándulas endocrinas y recupera de las dolencias que llevan a los tejidos del
cuerpo al endurecimiento. Asimismo, su poder radiactivo absorbe las ondas
negativas, lo que sería muy útil, por ejemplo, para proteger un organismo
debilitado por las emisiones que producen muchos aparatos eléctricos.
Todo
el mundo puede beneficiarse de sus virtudes. En los niños, favorece su crecimiento
y estimula las defensas. A los adultos, les ayuda a mantener la buena salud y
tonifica su sistema nervioso, frenando el deterioro físico en ancianos y
sosteniendo su sistema inmunitario. Sus efectos positivos pueden multiplicarse
si se combinan con infusiones de plantas, aceites esenciales o sal marina.
Remedios con
Arcilla
Cataplasma de uso externo
Son muy útiles en traumatismos
(sin heridas). Activan la circulación y favorecen la recuperación de la zona
dañada y los problemas circulatorios.
Ingredientes:
• 2
cucharadas soperas de arcilla (para una zona de amplitud media)
• 6
cucharadas soperas de agua
• un
paño grueso de algodón o lino
Preparación:
Verter
en un cuenco de vidrio o porcelana la arcilla y cubrirla con agua. Dejarla
reposar un rato sin remover. El resultado es una pasta firme pero no espesa.
Colocarla sobre el paño, que tiene que ser mucho más grande que la pasta. Ésta,
a su vez, debe cubrir una superficie mayor que la que se pretende tratar. Para
acabar de hacer el emplasto, repartirlo de forma uniforme con
una espátula de madera hasta conseguir un espesor de
un centímetro.
Uso:
Coloca
la cataplasma de manera que la arcilla quede en contacto directo con la piel.
Puede aplicarse desde unos minutos a varias horas e incluso toda la noche,
según los casos. Después, se retira con cuidado, se limpia la piel con agua
tibia y se tira la arcilla.
Agua con arcilla
Se recomienda para desintoxicar
el organismo por su alta capacidad para absorber residuos a través del tracto
intestinal.
Ingredientes
• una
cucharadita de arcilla blanca para uso interno
• un
vaso de agua
Preparación
Remover hasta la completa
disolución de la arcilla y esperar dos minutos hasta que se genere poso.
Uso:
Ingerir el agua turbia que
contiene las partículas en suspensión de la arcilla dos veces al día a
novenarios alternos (tomarlo nueve días y descansar otros nueve).
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