Las
inclemencias invernales no tienen por qué afectarte si sabes cómo fortalecer tu
organismo para que no aparezcan.
En
enero las afecciones relacionadas con el aparato respiratorio parece que se dan
en mayor número. El frío ataca con más fuerza y la humedad cala hasta los
huesos. A las inclemencias típicas de la estación se le añaden el viento, la
lluvia y la nieve que aparecen con mayor o menor intensidad dependiendo del
lugar o de las incidencias meteorológicas del momento. Por si fuera poco, las
personas también sufrimos el contraste brusco de temperaturas al pasar de
lugares calientes y cerrados como casas, oficinas, comercios y escuelas a la
intemperie gélida sin sufrir una transición ambiental suave. Este cóctel puede
ser muy perjudicial si uno no toma las medidas oportunas. Los más de 200 virus
y bacterias que pululan por el aire están esperando un descuido para penetrar
en el organismo que se resiente del frío y poder causar desde una simple congestión
nasal hasta dolencias más delicadas como gripes, faringitis, amigdalitis,
bronquitis o la más temida neumonía.
La casualidad no existe
El Dr. Karmelo Bizkarra, medico
higienista, opina que no es casual que “se den en enero el mayor número de dolencias
respiratorias, justo después de las fiestas navideñas, cuando los abusos con la
comida sobrecargan el organismo”. A esto, se le une que el cuerpo puede estar
más débil por el gasto energético que supone el protegerse contra el frío. El
organismo así debe luchar para mantener su temperatura y contra el exceso de
toxinas acumulado. Una de las estrategias que adopta es eliminar a través del
aparato respiratorio lo que ya no sirve, sobreviniendo así toda la
sintomatología asociada a las afecciones respiratorias (mal aliento, flemas,
tos, mucosidad…) y las enfermedades mismas. “Lo que no se digiere se intenta
eliminar a través del aparato respiratorio”, apunta Bizkarra.
Los microorganismos siempre
están ahí. Hay personas a las que les enferman y a otras a las que no. El
porqué de esta distinción no es una cuestión de azar. Ocurre que muchas
personas ya tienen en cuenta que el enfermar, o no, es un tema de prevención
que no requiere grandes esfuerzos y no tiene mayores secretos. En principio, un
organismo fuerte se consigue estableciendo en la vida cotidiana hábitos
sencillos de higiene física y mental y una alimentación equilibrada.
Afrontar la convalecencia
• Reposo
en cama. El descanso físico, emocional y sensorial sirve para que el sistema
inmunitario se fortalezca y se concentre en recuperar la energía.
• Beber
unos dos litros agua cada día para limpiar el organismo y evitar la
deshidratación.
• La
vitamina C, tanto en zumos de cítricos como en suplementos, se ha asociado a
una mejoría de las infecciones respiratorias.
• El ajo y
la cebolla poseen una acción antiviral y, por lo tanto, son útiles en el
tratamiento de estas dolencias.
• Si hay
inapetencia, no hay que forzar al organismo. Para no sentirte débil tomas
caldos de verduras y fruta y hortalizas crudas.
• La
inhalación de vapor de agua mientras se beben líquidos calientes, facilita la
respiración y el drenaje de secreciones. Inhalar aire caliente a 45º durante 20
minutos mejora los catarros.
• Frota la
piel con una esponja mojada en agua tibia para bajar la fiebre. Pero recuerda
que ésta activa las defensas.
Fortalece
tu organismo
• Descansa las horas
suficientes para reparar tu organismo y almacenar energía suficiente para
utilizarla en las crisis.
• El
ejercicio físico, entre otros beneficios, aumenta la capacidad
pulmonar y la resistencia y limpia de toxinas.
• Intenta respirar más. Un
organismo bien oxigenado tiene menos posibilidades de caer enfermo.
• Reduce
el estrés. La tensión
y el nerviosismo posibilitan la enfermedad. Una actitud positiva fortalece las
defensas.
• El suplemento de minerales
(especialmente zinc y selenio) y de vitaminas A, C y E que se consiguen con una
dieta adecuada, se relaciona con una reducción de las infecciones
respiratorias.
• A muchas personas los
lácteos les producen mucosidad. Sin embargo, se ha comprobado que el yogur con Lactobacillus favorece una disminución
de las infecciones respiratorias en niños.
• Procura que tus pies no
estén fríos, ya que esto se asocia con una disminución de la capacidad
defensiva de la mucosa de las vías respiratorias.
• Abrígate con inteligencia. Un buen sistema es
“vestirse por capas” con ropa de algodón o tejidos naturales e irla sacando y
poniendo en función de la temperatura.
• La práctica regular de la sauna se relaciona con
la reducción de episodios infecciosos porque ayuda a despejar las vías
respiratorias.
• Ventila
las habitaciones por la mañana para que los microorganismos no se concentren en
ellas.
• Un
ambiente reseco es un hábitat acogedor para virus y bacterias. Usa
humidificadores o vaporizadores para aumentar la humedad ambiental y evitar que
las fosas nasales se resequen.
Remedios con
plantas
Jarabe
de cebolla
Está
indicado para afecciones respiratorias y expulsión de mucosidades. Alivia la
amigdalitis, la faringitis, sinusitis, otitis…
Ingredientes:
• una cebolla
• dos vasos de agua
• dos cucharaditas de miel
• un zumo de limón
Preparación:
Hervir
en una cacerola durante 15 minutos una cebolla con dos vasos de agua y dejar
reposar 5 minutos. Filtrar y endulzar con una o dos cucharaditas de miel y
añadir zumo de limón justo en el momento de tomarlo, para que no se oxide.
Uso:
Tomar
2 o 3 veces al día.
Jarabe de yemas de abeto
Estas yemas (Abies alba)
constituyen un expectorante excelente en catarros y resfriados.
Ingredientes:
• cuatro
cucharadas soperas de yemas de abeto troceadas
• una
cucharada sopera de azucar cande
• 1
litro de agua
Preparación:
Hervir
el azúcar y las yemas en el litro de agua durante tres minutos. Colarlo
después.
Uso:
Se
toma caliente durante todo el día (guardarlo en un termo o calentarlo en el
momento de tomarlo). Se recomiendan tomas pequeñas y frecuentes.
Infusión con equinácea
La raíz de equinácea (Equinacea angustifolia) estimula las
defensas resultando muy adecuada para prevenir resfriados y procesos gripales.
Ingredientes
• una
cucharadita de raíz seca y troceada de equinácea
• un
vaso de agua
Hervir la planta durante dos
minutos en el agua. Dejarla reposar 10 minutos más y colarla.
Uso:
Tomar dos veces al día,
preferentemente mañana y tarde.
Precaución:
Hacer tratamientos discontinuos
(por ejemplo, tomar la equinácea durante un mes y descansar 15 dias, haciendo
el tratamiento de dos a cuatro meses respetando siempre los descansos).
Alivio homeopático
• El
oscillococcinum, tomado en dos o tres dosis al día, durante tres días, reduce
la sintomatología de estas afecciones en poco tiempo.
• La Echinacea compositum actúa como
preventivo reforzando el sistema inmunitario. Está disponible en ampollas que
se beben a razón de una a la semana durante tres meses.
• De Tuberculinum Aviaire 15 ch se da un
tubo-dosis dos domingos al mes. Es muy útil para evitar afecciones
respiratorias, sobre todo en niños. En concreto se muestra eficaz cuando hay
alguna rinofaringitis de repetición.
• El Aconitum 9 ch se dosifica cuando la
persona se encuentra destemplada después de pasar frío. Se ingieren de tres a
cinco gránulos cada hora. Para los niños, es mejor disolver los cinco gránulos
en agua y tomar cada hora una cucharadita.
• La Belladona 9 o 15 ch se da cuando aparece fiebre. Se toman de tres a
cinco gránulos cada hora.
Tratamiento oriental
• La
Medicina Tradicional China (MTC) contempla causas externas (viento, frío,
humedad) e internas (problemas digestivos y nerviosos y debilidad por fatiga)
para explicar estas dolencias.
• El
tratamiento se basa en reforzar el sistema inmunitario y aumentar la energía
vital.
• Se
tratan los puntos de acupuntura con ventosas y digitopuntura, se dan masaje
térmicos y se emplean hierbas chinas.
• Se
sugiere al paciente que elimine los aparatos que produzcan campos
electromagnéticos del dormitorio (móvil, radiodespertador, televisión…) ya que
interfieren en su energía vital.
• Eliminar
los lácteos, azúcares, plátanos y naranjas y tomar caldos de verduras con raíz
de kudzú y jengibre en polvo.
•
Cocer sal marina en una sartén, verterla en un paño de algodón y aplicarlo bien
caliente durante 10 minutos en las lumbares y otros 10 en el abdomen.
•
Aplicar bálsamo del tigre en frente, pecho, espalda y alas de la nariz.
•
Hacer una cataplasma de harina de mostaza y linaza con agua caliente y ponerla
en el pecho y en las plantas de los pies.
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