miércoles, 29 de febrero de 2012

PREVENCIÓN Y MEJORÍA PARA LAS AFECCIONES RESPIRATORIAS


Las inclemencias invernales no tienen por qué afectarte si sabes cómo fortalecer tu organismo para que no aparezcan.

En enero las afecciones relacionadas con el aparato respiratorio parece que se dan en mayor número. El frío ataca con más fuerza y la humedad cala hasta los huesos. A las inclemencias típicas de la estación se le añaden el viento, la lluvia y la nieve que aparecen con mayor o menor intensidad dependiendo del lugar o de las incidencias meteorológicas del momento. Por si fuera poco, las personas también sufrimos el contraste brusco de temperaturas al pasar de lugares calientes y cerrados como casas, oficinas, comercios y escuelas a la intemperie gélida sin sufrir una transición ambiental suave. Este cóctel puede ser muy perjudicial si uno no toma las medidas oportunas. Los más de 200 virus y bacterias que pululan por el aire están esperando un descuido para penetrar en el organismo que se resiente del frío y poder causar desde una simple congestión nasal hasta dolencias más delicadas como gripes, faringitis, amigdalitis, bronquitis o la más temida neumonía.

La casualidad no existe
El Dr. Karmelo Bizkarra, medico higienista, opina que no es casual que “se den en enero el mayor número de dolencias respiratorias, justo después de las fiestas navideñas, cuando los abusos con la comida sobrecargan el organismo”. A esto, se le une que el cuerpo puede estar más débil por el gasto energético que supone el protegerse contra el frío. El organismo así debe luchar para mantener su temperatura y contra el exceso de toxinas acumulado. Una de las estrategias que adopta es eliminar a través del aparato respiratorio lo que ya no sirve, sobreviniendo así toda la sintomatología asociada a las afecciones respiratorias (mal aliento, flemas, tos, mucosidad…) y las enfermedades mismas. “Lo que no se digiere se intenta eliminar a través del aparato respiratorio”, apunta Bizkarra.
Los microorganismos siempre están ahí. Hay personas a las que les enferman y a otras a las que no. El porqué de esta distinción no es una cuestión de azar. Ocurre que muchas personas ya tienen en cuenta que el enfermar, o no, es un tema de prevención que no requiere grandes esfuerzos y no tiene mayores secretos. En principio, un organismo fuerte se consigue estableciendo en la vida cotidiana hábitos sencillos de higiene física y mental y una alimentación equilibrada.

Afrontar la convalecencia
• Reposo en cama. El descanso físico, emocional y sensorial sirve para que el sistema inmunitario se fortalezca y se concentre en recuperar la energía.
• Beber unos dos litros agua cada día para limpiar el organismo y evitar la deshidratación.
• La vitamina C, tanto en zumos de cítricos como en suplementos, se ha asociado a una mejoría de las infecciones respiratorias.
• El ajo y la cebolla poseen una acción antiviral y, por lo tanto, son útiles en el tratamiento de estas dolencias.
• Si hay inapetencia, no hay que forzar al organismo. Para no sentirte débil tomas caldos de verduras y fruta y hortalizas crudas.
• La inhalación de vapor de agua mientras se beben líquidos calientes, facilita la respiración y el drenaje de secreciones. Inhalar aire caliente a 45º durante 20 minutos mejora los catarros.
• Frota la piel con una esponja mojada en agua tibia para bajar la fiebre. Pero recuerda que ésta activa las defensas.

Fortalece tu organismo
• Descansa las horas suficientes para reparar tu organismo y almacenar energía suficiente para utilizarla en las crisis.
• El ejercicio físico, entre otros beneficios, aumenta la capacidad pulmonar y la resistencia y limpia de toxinas.
Intenta respirar más. Un organismo bien oxigenado tiene menos posibilidades de caer enfermo.
Reduce el estrés. La tensión y el nerviosismo posibilitan la enfermedad. Una actitud positiva fortalece las defensas.
• El suplemento de minerales (especialmente zinc y selenio) y de vitaminas A, C y E que se consiguen con una dieta adecuada, se relaciona con una reducción de las infecciones respiratorias.
• A muchas personas los lácteos les producen mucosidad. Sin embargo, se ha comprobado que el yogur con Lactobacillus favorece una disminución de las infecciones respiratorias en niños.
• Procura que tus pies no estén fríos, ya que esto se asocia con una disminución de la capacidad defensiva de la mucosa de las vías respiratorias.
• Abrígate con inteligencia. Un buen sistema es “vestirse por capas” con ropa de algodón o tejidos naturales e irla sacando y poniendo en función de la temperatura.
• La práctica regular de la sauna se relaciona con la reducción de episodios infecciosos porque ayuda a despejar las vías respiratorias.
Ventila las habitaciones por la mañana para que los microorganismos no se concentren en ellas.
Un ambiente reseco es un hábitat acogedor para virus y bacterias. Usa humidificadores o vaporizadores para aumentar la humedad ambiental y evitar que las fosas nasales se resequen.

Remedios con plantas
Jarabe de cebolla
Está indicado para afecciones respiratorias y expulsión de mucosidades. Alivia la amigdalitis, la faringitis, sinusitis, otitis…
Ingredientes:
una cebolla
dos vasos de agua
dos cucharaditas de miel
• un zumo de limón
Preparación:
Hervir en una cacerola durante 15 minutos una cebolla con dos vasos de agua y dejar reposar 5 minutos. Filtrar y endulzar con una o dos cucharaditas de miel y añadir zumo de limón justo en el momento de tomarlo, para que no se oxide.
Uso:
Tomar 2 o 3 veces al día.

Jarabe de yemas de abeto
Estas yemas (Abies alba) constituyen un expectorante excelente en catarros y resfriados.
Ingredientes:
cuatro cucharadas soperas de yemas de abeto troceadas
una cucharada sopera de azucar cande
• 1 litro de agua
Preparación:
Hervir el azúcar y las yemas en el litro de agua durante tres minutos. Colarlo después.
Uso:
Se toma caliente durante todo el día (guardarlo en un termo o calentarlo en el momento de tomarlo). Se recomiendan tomas pequeñas y frecuentes.

Infusión con equinácea
La raíz de equinácea (Equinacea angustifolia) estimula las defensas resultando muy adecuada para prevenir resfriados y procesos gripales.
Ingredientes
• una cucharadita de raíz seca y troceada de equinácea
• un vaso de agua
Hervir la planta durante dos minutos en el agua. Dejarla reposar 10 minutos más y colarla.
Uso:
Tomar dos veces al día, preferentemente mañana y tarde.
Precaución:
Hacer tratamientos discontinuos (por ejemplo, tomar la equinácea durante un mes y descansar 15 dias, haciendo el tratamiento de dos a cuatro meses respetando siempre los descansos).

Alivio homeopático
• El oscillococcinum, tomado en dos o tres dosis al día, durante tres días, reduce la sintomatología de estas afecciones en poco tiempo.
La Echinacea compositum actúa como preventivo reforzando el sistema inmunitario. Está disponible en ampollas que se beben a razón de una a la semana durante tres meses.
De Tuberculinum Aviaire 15 ch se da un tubo-dosis dos domingos al mes. Es muy útil para evitar afecciones respiratorias, sobre todo en niños. En concreto se muestra eficaz cuando hay alguna rinofaringitis de repetición.
• El Aconitum 9 ch se dosifica cuando la persona se encuentra destemplada después de pasar frío. Se ingieren de tres a cinco gránulos cada hora. Para los niños, es mejor disolver los cinco gránulos en agua y tomar cada hora una cucharadita.
La Belladona 9 o 15 ch se da cuando aparece fiebre. Se toman de tres a cinco gránulos cada hora.

Tratamiento oriental
La Medicina Tradicional China (MTC) contempla causas externas (viento, frío, humedad) e internas (problemas digestivos y nerviosos y debilidad por fatiga) para explicar estas dolencias.
El tratamiento se basa en reforzar el sistema inmunitario y aumentar la energía vital.
Se tratan los puntos de acupuntura con ventosas y digitopuntura, se dan masaje térmicos y se emplean hierbas chinas.
• Se sugiere al paciente que elimine los aparatos que produzcan campos electromagnéticos del dormitorio (móvil, radiodespertador, televisión…) ya que interfieren en su energía vital.
• Eliminar los lácteos, azúcares, plátanos y naranjas y tomar caldos de verduras con raíz de kudzú y jengibre en polvo.
• Cocer sal marina en una sartén, verterla en un paño de algodón y aplicarlo bien caliente durante 10 minutos en las lumbares y otros 10 en el abdomen.
• Aplicar bálsamo del tigre en frente, pecho, espalda y alas de la nariz.
• Hacer una cataplasma de harina de mostaza y linaza con agua caliente y ponerla en el pecho y en las plantas de los pies. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario