miércoles, 29 de febrero de 2012

L'AMETLLA DE MAR, UN PARAÍSO ACCESIBLE

Este pueblo marinero nos ofrece un entorno natural privilegiado para sentirnos como en el cielo sin tener que ir muy lejos de casa.

L’Ametlla de Mar es un pequeño pueblo de pescadores al sur de la demarcación de Tarragona, en la comarca del Baix Ebre. Es una suerte de paraíso accesible, casi virgen, donde el viajero puede sentarse a descansar o pasear en verdadera comunión con la naturaleza sin el triste espectáculo del tocho como fondo. Una alternativa al turismo de masas que ofrece numerosas sensaciones agradables sin tener que ir muy lejos. El pueblo tiene 16 kilómetros de costa que recorren acantilados imponentes que refugian en su base 29 calas de arena fina y blanca o de arena y roca de agua cristalina rodeadas de rocas y pinares.

Bien conservado
Se trata de uno de los lugares mejor conservado de la costa mediterránea con zonas de interés natural protegidas como la Plana de Sant Jordi y el cabo de Santes Creus y siete banderas azules, otorgadas por la Fundación Europea de Educación Ambiental, por el especial cuidado de sus playas y puerto.

Más que sol y playa
No todo es sol y playa en La Cala, como se conoce a la población popularmente. Desde el Patronato Municipal de Turismo se trabaja para que los visitantes puedan conocer sus numerosos activos. Por ejemplo, se organizan “visitas guiadas por las calles de l'Ametlla de Mar donde se puede conocer su historia, su cultura, sus tradiciones y sus leyendas. La ruta, que recorre lugares emblemáticos cuenta con nueve paradas donde se explica a los participantes la fundación del pueblo por pescadores del Grau de Valencia, las tradiciones religiosas, las leyendas de los bandoleros... También se organizan visitas guiadas a las fortificaciones de la Guerra Civil construidas en el Port de l’Estany en previsión de un desembarco nacional que nunca tuvo lugar”, explica Damià Llaó, gerente del patronato.

Paso obligado
Otra visita de paso obligado es el puerto que hasta 1986 fue el único de Cataluña destinado exclusivamente a la actividad pesquera. En la nave principal, delimitada por el muelle de descarga que la separa de la dársena deportiva, tienen lugar las diferentes actividades relacionadas con la venta del pescado y su subasta.

Cerámica popular
La población también puede enorgullecerse de tener la mejor colección de cerámica popular de toda Europa alojada en el Museo de Cerámica que alberga casi 5000 piezas. Otra pieza clave del patrimonio cultural e histórico de la población es el Castillo de Sant Jordi d'Alfama que data del siglo XIII y que fue sede de la Orden de Sant Jordi d'Alfama, la única estrictamente catalana de la historia.

Cocina marinera
Es evidente que la gastronomía está relacionada con el mar. El pescado y el marisco son muy apreciados por su gusto característico, debido a la proximidad del Delta del Ebro. Son típicos “l’arrossejat”, la "fideuada" y el "suquet de peix calero". Aunque, igualmente, la cercanía del campo amplía la cultura gastronómica con una miel excelente y un aceite exquisito. Y también es un pueblo goloso. Son muy conocidos los "pastissets" y los "coraçons", de Candelera (Fiesta Mayor de l'Ametlla de Mar), aunque el dulce calero por excelencia es la "farinosa", postre típico de Pascua.

Senderismo y observación de aves
A los amantes del senderismo y de la observación de aves no puede dejarles indiferentes l’Ametlla. El GR-92 a su paso por la población descubre al senderista espacios naturales propios del ecosistema mediterráneo litoral, así como diferentes especies de pájaros marinos, flora y vegetación propia de los ambientes salados. En las 255 hectáreas protegidas de la plana de Sant Jordi crecen comunidades vegetales espontáneas de gran singularidad como el lentisco, la coscoja, el palmito y el romero. Y, como excepción en el territorio, abunda el esparto. Por lo que respecta a las aves, se encuentran varias especies de currucas, abejarucos, perdices y águilas perdiceras. En el Torrent del Pi aflora un acuífero en superficie que da lugar a un estanque de aguas salobres. Entre su flora hay pinos blancos, palmitos y juncos y cañizales. Y por lo que respecta a la fauna, hay una gran variedad de aves, reptiles, anfibios y peces.

Refugio idóneo
Su laguna es el refugio idóneo para el fartet, pez en peligro de extinción en la península. En las desembocaduras de los torrentes de Santes Creus y de l'Estany también se han formado estanques salobres en los que habitan diferentes especies de pájaros y que son refugio de numerosas aves que migran para nidificar en el Delta del Ebro. En las lagunas, también vive uno de los peces más amenazados de la península Ibérica, el samarugo.

Fondo marino
Otro recurso importantísimo en l’Ametlla de Mar es el fondo marino. La población alberga la pradería de posidonia más extensa de Cataluña. Esta planta desempeña un papel básico en los ecosistemas porque se calcula que más de 1110 especies tienen su alimento y su casa en la pradería. Este bosque marino fija 90. 000 toneladas anuales de CO2, cifra que equivale a ahorrar 8,5 millones de euros en la gestión de este gas contaminante. A la vez, esta riqueza en la fauna marina es un reclamo cada vez más poderoso para los aficionados al submarinismo.

Barcos hundidos
Como, igualmente lo son, los doce barcos de vapor hundidos frente a la costa calera por un submarino alemán durante la Primera Guerra Mundial, aunque hasta ahora son pocos los que han podido fotografiarlos. Todo un reto por la dificultad del descenso. De hecho, pese a las numerosas historias que cuentan los marineros no fue hasta 2002 cuando dos submarinistas aficionados, Josep Lalueza y Enric Calabuig, consiguieron sacar a la superficie las imágenes de tres de las naves a las que los pescadores bautizaron con los nombres de El Correu, El Pixavaqué y El Montmell.

Referente turístico
El reclamo sereno con el que atrae l’Ametlla ha hecho que en las últimas décadas se convierta en un referente turístico importante en la zona. Pero, ciertamente, su encanto va mucho más allá. Son numerosos lo que llegan de paso y hacen del pueblo su hogar. Los que dejan su ciudad y su país enamorados de La Cala. Para descubrir el porqué nada mejor que visitarla. 

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