El llamado deporte nacional ya ha
dejado de serlo. No es que otros países se hayan contagiado debido al turismo
masivo de ese letargo. No. La razón es más
poderosa y, gracias a ella, uno puede decir que hace la siesta sin que le
tachen de haragán. Y es que investigaciones médicas de diversos países
demuestran los innumerables beneficios para la salud que conlleva hacer la
bendita siesta. Incluso el 20 de marzo, en el que se celebra el Día Mundial del Bien Dormir, los especialistas del sueño reivindican la siesta como una costumbre muy sana.
Ritmos biológicos
El hombre no está todo el día igual de alerta. Hay momentos en los
que se relaja siguiendo el mandato de los relojes internos. Esto ocurre entre
las una y las cuatro de la tarde. Pero,
aunque pasa en todas las especies animales, el hombre ha sido entrenado para
reprimirlo. Esta necesidad se ve aumentada por el almuerzo. La somnolencia tras
esta comida se debe a que se produce un cambio en la circulación: aumenta la
sangre en el estómago para absorber los alimentos, por tanto llega menos sangre
al cerebro, lo que provoca una sensación de letargo. Éste es mayor cuando la comida
es abundante y rica en proteínas. Hay otros factores que también inciden en la
modorra como el calor, una mala noche precedente, exceso de tensión de trabajo
en la mañana y demasiado silencio en los lugares de trabajo.
Rejuvenece tu organismo
Este relajamiento,
si se lleva a la práctica, se convierte en reparador porque al interrumpir la actividad se logra un rejuvenecimiento de todos
los sistemas del cuerpo. Es como si volviera a amanecer después de una noche de
descanso profundo: las neuronas están activas y los neurotransmisores
cerebrales se reponen del desgaste diario. Así los especialistas coinciden en
que la siesta tiene distintos beneficios para la salud humana: reduce el
estrés y mejora el humor, la memoria, la capacidad de
alerta, la creatividad, los niveles de comunicación y de juicio. Respecto al tema de la longevidad asociada al sueño, hay
discrepancias médicas. Algunos sostienen que nunca se ha probado nada, pero
otros encuentran que hay cierta base para afirmar que el que hace siesta vive
más años ya que la gente con un trabajo intenso, exigente y estresante envejece
más rápido. La siesta es entonces una posibilidad de cortar este ritmo y
relajarse.
Todos no somos iguales
Los beneficios de la siesta no son iguales para todos. Influyen la personalidad y el cómo y cuánto se duerme. Los "dormidores largos" (más de ocho horas al
día) no la disfrutan tanto como los "cortos"
que funcionan sin problemas con menos horas de sueño. Los primeros siempre
sienten que la siesta es demasiado corta y no se despiertan satisfechos. Para
los segundos, en cambio, la siesta diurna es siempre reconfortante.
Pese a todo, la siesta tiene sus
detractores. Hay quien dice que tan sólo es un síntoma de pereza de personas débiles de ánimo (de hecho, por ejemplo, cuando alguien se
encuentra deprimido sólo tiene ganas de dormir, como si no quisiera estar
despierto porque le resulta muy duro; aunque también, si se le da la vuelta, el
dormir durante la depresión puede ser un mecanismo inconsciente para
favorecer la recuperación). Otros dicen que dormir después de comer engorda
porque, al dedicarse el cuerpo y la mente a otros menesteres, se corta de raíz
el proceso de digestión.
Felices en el trabajo
Numerosos estudios
demuestran que después de una breve pausa o siesta, los trabajadores se
incorporan a sus puestos con más entusiasmo, lo que aumenta el rendimiento
laboral hasta un 30%. Durante el intervalo
también se reactiva el estado de alerta y concentración, por lo que los índices
de accidentes y errores también bajan.
Por eso muchas empresas, a sabiendas de estos beneficios, han decidido habilitar salas donde sus empleados se
relajan tumbados en sofás o butacas reclinables, equipadas con música suave,
mantas, almohadas y tapones para los oídos. Los trabajadores, al ser
encuestados por este tipo de prestación, responden que regresan a sus trabajos
con energías renovadas y más entusiasmo. Por otra parte, también se sabe que
una pequeña siesta de quince minutos reduce el número de accidentes de tráfico.
El yoga hispánico
• Los especialistas recomiendan siestas que no excedan de los 30
minutos. Pero su duración varía según la persona, el lugar y el tiempo del que
se dispone.
• Hay personas que duermen siestas de hora y media. Se dice que
durante este tiempo tiene lugar un ciclo completo de sueño. Más, puede
interferir en el descanso nocturno. Y suele provocar mal humor porque se
convierte en un sueño muy pesado del que cuesta volver.
• A veces, ocurre que en el autobús o metro, antes de llegar a
casa, nos sobrevenga una leve somnolencia que nos hace estar más despiertos en
la mesa y que nos quita de la siesta posterior.
• Otros hacen la siesta de manera oficial antes de comer, la
llamada “siesta del carnero”, traspuestos en el sofá mientras la televisión
chisporrotea de forma constante y monótona.
• Si por el trabajo no se puede dormir por la tarde, sería bueno
encontrar un hueco a media mañana.
• La mayoría de personas no pueden hacer siesta.
Entonces, lo ideal sería tenderse y desconectar del trabajo.
• La siesta debe convertirse en un hábito porque si se realiza
esporádicamente puede afectar al sueño nocturno.
Beneficios de la siesta
• Rejuvenece todos los sistemas del organismo al permitir que los
ritmos biológicos sigan su curso.
• Reduce los niveles de estrés al relajarse el organismo.
• Mejora el humor y la capacidad de relacionarse y aceptar a los
demás.
• Tiene efectos sorprendentes sobre la memoria.
• Despeja los sentidos, que se mantienen más alertas.
• Desarrolla las dotes innatas para la creatividad en diferentes
aspectos de la vida.
• Quien duerme la siesta, vive más años porque disfruta de mayor
calidad de vida.