Esta planta humilde que
crece en la cuenca mediterránea es, sin embargo, la estrella de la fitoterapia
a la hora de tratar dolencias hepáticas.
El cardo mariano (Silybum marianum) crece silvestre en caminos y campos del sur
de Europa donde alcanza una altura de hasta dos metros. Sus
hojas se pueden añadir crudas a las ensaladas o comerse hervidas, junto a sus
raíces, resultando así un excelente antioxidante con capacidad para evitar la
formación de tumores. Además, mucho tiempo atrás, se utilizaba por sus
propiedades antidepresivas (el puesto que ahora ocupa el hipérico). Sin
embargo, su uso más extendido, es por su poder regenerador del hígado, donde
ninguna otra planta puede reemplazarle.
Las semillas del cardo
poseen un componente llamado silimarina que impide la absorción de los tóxicos
y estimula la secreción de la bilis. Por eso se emplea en enfermedades donde el
hígado, órgano vital para nuestro sistema de secreción de desechos, se ha visto
muy afectado como hepatitis, insuficiencia hepática y cirrosis. La ingesta del
cardo actúa sobre las células hepáticas, regenerándolas, protegiéndolas y
eliminando las toxinas que se depositan en él. De hecho, sin necesidad de tener
una enfermedad, se usa como “limpiador” después de una resaca producida por
alcohol u otras drogas o malestar por excesos con la comida.
Aliado de la vesícula
El cardo mariano también
se puede dosificar cuando existen problemas en la vesícula. Incluso puede
impedir la formación de cálculos en este órgano. Asimismo se prescribe en
enfermedades que requieren una medicación fuerte que puede saturar al hígado.
También se ha probado su eficacia como antídoto del veneno de la Amanita
phaloides y para limitar los daños de tratamientos con quimioterapia.
Igualmente, al mejorar la
función hepática, el cardo mariano favorece la circulación sanguínea abdominal,
del área genital y del cuerpo en general, por lo que está indicado en
menstruaciones copiosas, hemorroides, varices y pérdida de sangre nasal.
Por último, algunas
investigaciones le atribuyen facultad para paliar el efecto en el hígado de la
absorción de plomo y aluminio de ciertos productos, como latas y envases que
contienen alimentos y mercurio de empastes dentales y algunos
cosméticos.
Infusión protectora
Ingredientes:
• Una cucharadas sopera de una mezcla en cantidades iguales de cardo
mariano, boldo, cúrcuma, crisantemo, menta y anís.
• 1 taza de agua.
Preparación:
• Hervir en el agua durante tres minutos la mezcla de plantas. Dejar enfriar
y colar.
Uso:
• Tomar
tres veces al día esta infusión antes de las comidas.
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